Mansoor - Medicina interna- Enfoque basado en problemas, 1ed

PRÓLOGO

C. difficile . Ha sido clasificado como tóxico para seres humanos por la FDA. Otros mensajes de importancia son las reuniones con platillos para compartir. Hay una invitación para asistir a la siguiente reunión del comité. Los pizarrones y pizarras están cubiertos por avisos efímeros. Los médicos necesitan un sacrosanto piza- rrón limpio que se mantenga así en cada corredor de cada unidad de atención para cada especialidad. Lo que pasará con estas pizarras, si aparecen, es una discusión improvisada constante acerca de los problemas clínicos existentes para que todos puedan verlos y escucharlos. En estos pizarrones aparecen soluciones para todos los retos que presenta la vida. Estos desafíos contra la salud y la felicidad son omnipresentes e innumerables. Aparecen más cada día. Los médicos aprenden mucho de lo que saben en estos pizarrones. ¡Denles pizarrones reales y dejen de estorbar! Este libro conserva el arte de la enseñanza socrática, un método que tiene más de 2500 años de antigüedad. El proceso no solo saca a la luz lo que ya se sabe, sino tam- bién, y con mayor claridad, lo que se ignora. Todo mun- do aprende. Los estudiantes, los maestros y las enfermeras aprenden. El personal de laboratorio y los pacientes aprenden. Todos evolucionarán y crecerán. Es algo impre- sionante de atestiguar. En este libro se ilustran cincuenta de los problemas clínicos más frecuentes. El grupo de preguntas evolu- ciona conforme la anatomía de la erudición marca el camino. Esta obra contiene enfoques basados en proble- mas que guiarán la discusión de los “cincuenta elegidos”. El hombre de 60 años de edad con un hematocrito de 32. La embarazada de 29 años de edad con edema com- presible en las axilas. El camionero con disnea aguda. La persona joven con fiebre de origen desconocido. El enfoque basado en problemas prepara al maestro y a los aprendices. Crea el ambiente más conducente hacia la eficiencia del aprendizaje de gran impacto. Al final, es más el proceso que el enfoque. El proceso se vuelve generalizado. La academia recupera su camino. Ahora que tenemos el libro, los pizarrones aparece- rán, ¡esperamos!

Al final, después de que los “salones de aprendizaje para grupos grandes” se encuentran en silencio, las salas pequeñas están en desorden y nadie sabe que los con- troles remotos para las enormes pantallas ya no funcio- nan, los estudiantes de medicina aún retendrán 90% de los conocimientos fundamentales esperados. ¿Cómo es esto posible? Lo es porque estos estudiantes escogidos se hallan rodeados de residentes, médicos tratantes y perso- nal docente designado, todos los cuales están convenci- dos de que la enseñanza es una obligación fundamental en esta profesión. Enseñan a todos los que quieren apren- der y a la mayoría de quienes deberían quererlo. Ha sido de este modo desde Hipócrates en la isla de Cos. Lo más sorprendente es que los mejores entre ellos no esperan ningún tipo de remuneración más allá de la satisfacción de hacer bien su trabajo. La educación se mantiene como la primera de las expectativas profesionales en la mayo- ría de los centros médicos académicos. Estos maestros ejemplifican la estricta y austera vida de los médicos en entrenamiento. Puede contarse con ellos para que ense- ñen a los estudiantes lo que necesitan saber y, en ocasio- nes, lo que deberían saber. Esta tarea, por la que la mayoría de los centros aca- démicos no paga ni un centavo, está en riesgo. Las uni- dades de valor relativo, los expedientes electrónicos, la eficiencia en la asignación de cuartos y las escalas de valoración para la “satisfacción del paciente” tienen su costo. Se espera que los docentes reconozcan las “áreas de oportunidad” y notifiquen a las autoridades respon- sables. Algunos entre esas autoridades quieren enseñar a los médicos nacidos en “cuna de oro” una o dos leccio- nes sobre “la realidad de la vida”. Surge la controversia, pero los maestros perseveran. Sin embargo, requieren desesperadamente ayuda. ¿Dónde empezar? Más que nada, necesitan piza- rrones. Los pizarrones han desaparecido. En algunos casos han sido remplazados por pizarras blancas que se usan con plumones especiales. Cuando estos plumones se pierden, el espacio de las pizarras comienza a lle- narse con volantes informativos. “¡Silencio!, por favor. Nadie puede curarse con tanto ruido”. ¿Están segu- ros? Siéntense y escuchen lo que ocurre en una unidad de cuidados intensivos durante una hora. “¡Lávate las manos!” Los lavamanos también han desaparecido y los dispensadores de pared para desinfección contienen un líquido maloliente que no logra eliminar las esporas de

Lynn Loriaux, MD, PhD Professor of Medicine Oregon Health & Science University Portland, Oregon SAMPLE

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