Higgins_Neurociencia en psiquiatría.4ed

CAPÍTULO 13

Desear y gustar

Los problemas están relacionados con la sensi bilidad de nuestro sistema de recompensa. Estamos hechos para adquirir recompensas que históricamente escaseaban. Ahora, con el extraordinario éxito de la humanidad y la civilización industrializada, estamos expuestos a una abundancia superior a la que nues tro cableado ha evolucionado para manejar. La comida chatarra, la pornografía y los centros comerciales, así como el alcohol, los estimulantes y los opiáceos, usurpan los mecanismos desarrollados para mejorar la supervivencia del cazador recolector que todos lle vamos dentro.

BÚSQUEDA DE PLACER El comportamiento voluntario e inconsciente de los animales está motivado por la evitación del dolor y la búsqueda del placer. En este capítulo, nos centrare mos en los mecanismos neuronales que guían nues tras elecciones hacia estímulos que proporcionan una pequeña recompensa al cerebro. Nuestra existencia, como individuos y como espe cie, depende del uso de los cinco sentidos para reco nocer y llevar a cabo las acciones necesarias para la supervivencia. La motivación para perseguir un acto beneficioso se debe, en parte, a que el cerebro recibe un breve disparo de euforia. Este sistema de recom pensa ha evolucionado a lo largo de millones de años para permitir que una persona clasifique una variedad de estímulos y elija los más adecuados. Se sabe que la parte orbitofrontal de la corteza prefrontal (CPF) desempeña un papel fundamen tal en el comportamiento dirigido a objetivos. En la figura 13-1 se muestra que el interés relativo hacia un artículo puede reconocerse en el cerebro incluso hasta el nivel de una sola neurona. En este estudio, unos electrodos colocados en una única neurona de la cor teza orbitofrontal registraron distintos niveles de acti vidad en función del atractivo de la comida. Una pasa generó la mayor señal y fue el objeto más deseado; los cereales fueron los menos activos y los menos desea dos. Francamente, habríamos preferido la manzana. Muchos de nuestros pacientes, familiares y ami gos luchan contra problemas que ellos mismos han creado al buscar recompensas equivocadas. Está claro que el individuo adicto ha perdido el control sobre sus decisiones, pero ¿qué ocurre con el estudiante univer sitario aventurero, el joven adulto que prefiere gastar a ahorrar o el autor que juega solitario cuando debería estar escribiendo? Estas personas eligen actividades placenteras que no les benefician e incluso pueden ser perjudiciales. Sorprendentemente, todas nuestras ale grías, las buenas y las malas, desembocan en los mis mos mecanismos neuronales.

TRASTORNO

CONFLICTO MATRIMONIAL

La disparidad en la búsqueda de la alegría es una de las principales fuentes de conflicto en la mayo ría de las relaciones. Los matrimonios discuten a menudo sobre sexo, dinero y cómo pasar el tiempo libre. Por ejemplo, él quiere jugar al golf y com prarse un barco grande para pescar; ella quiere irse de vacaciones con su familia y arreglar la casa. Él quiere más sexo; ella quiere más romance. La búsqueda de diferentes alegrías trae conflictos. Punto de referencia de la felicidad En 1978, Brickman y cols. entrevistaron a sujetos que habían ganado la lotería o habían quedado parapléjicos tras un accidente grave. Brickman informó que los su cesos evocaban cambios inmediatos en el nivel de feli cidad declarado por las personas, aunque con el tiempo volvían a sus niveles basales de felicidad a medida que se adaptaban a las nuevas circunstancias. Los autores sugieren que tengamos un punto de re ferencia de felicidad al que volvamos cuando se asiente el polvo. Sin embargo, como no se entrevistó a na die antes de la lotería o el accidente, todo se basó en el recuerdo de la felicidad pasada, que se sabe es

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